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Domingo 26 de octubre de 2008

Burbujas y crisis: un breve recorrido por la historia de tropiezos con la misma piedra

En los antecedentes históricos de la actual crisis económica global, que el periodista Damián Kantor recorre en el artículo que reproducimos aquí, "Tulipanes, trenes y la Web: una historia de burbujas y cracs", publicado en el suplemento iEco del diario Clarín, se observa que la ilusión de hacer fortuna en pocos días se remonta a los tiempos de la antigua Roma. Dicen los historiadores que las manías especulativas produjeron, en distintas épocas y países, grandes picos de euforia y colapsos económicos. A continuación, los párrafos más destacados de la nota.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Si tropieza muchas más, es un especulador. Ocurre que en la historia abundan los casos de fiebres bursátiles, burbujas, pánicos y colapsos económicos. La especulación, dice el economista e historiador Edward Chancellor en su ensayo "Sálvese quien pueda", se ha establecido como la más popular de las actividades económicas.

Un broker de Wall Street, 1923, profetizaba: "Cuando uno lee historias de booms y pánicos de otras épocas, lo más llamativo es hasta qué punto la especulación y los especuladores de hoy se parecen a los de ayer." Tales prácticas ya existían en la antigua Roma, como la transferencia de propiedades, préstamos y hasta cambio de monedas extranjeras: parece que en la Vía Apia también había arbolitos.

En su libro "Manías, pánicos y cracs", Charles Kindleberger sostiene que la estructura de las manías especulativas es similar en todas las épocas, pero no todas son iguales. En distintos momentos, tulipanes, trenes, propiedades, autos e Internet causaron furor al principio, pánico y debacles después.

La ilusión de ganar una fortuna en pocos días, como acertar en la lotería, no es de hoy. Lo que sigue es un breve repaso de las principales burbujas que surgieron en los últimos siglos y que marcaron el rumbo de la economía moderna.

TULIPOMANIA: 1636-1637

En aquel tiempo, Holanda era uno de los países más prósperos de Europa. Por los altos ingresos de la población, crecía el consumo y el valor de las propiedades. Los tulipanes estaban de moda y las especies exóticas cotizaban a precios increíbles entre los coleccionistas. El Semper Augustus, el más raro y codiciado, llegó a costar 1.200 florines, cantidad suficiente para comprar una casa chica en Amsterdam. La brusca suba de precios atrajo la atención de los especuladores. Se armaron empresas gestoras y hubo mucha gente que apostó dinero por ellas. Aparecieron las ventas a futuro y las notas de crédito, es decir, se compraban flores que se plantarían en la primavera del año próximo, que se pagaban con dinero inexistente.

En febrero de 1637, un lote de tulipanes muy raros se vendió por 90.000 florines. Fue el último: corrieron rumores sobre la falta de compradores, que desinflaron las expectativas. Entre los afectados hubo quienes hipotecaron sus viviendas para entrar en el negocio con la expectativa de lograr ganancias rápidas.

EL MAR DEL SUR 1711-1720

En Gran Bretaña se funda la South S e a C o m p a n y (Compañía Mar del Sur en inglés) para encargarse de una deuda del gobierno de 10 millones de libras esterlinas a cambio del monopolio de explotación del comercio con las colonias en América. La empresa convirtió la deuda en acciones, pero fue el principio. Seis años después, el gobierno transfirió otros 10 millones de deuda contra otra emisión de títulos.

Con el aval oficial, la compañía difundió rumores sobre el enorme potencial del comercio colonial. Y se desató la fiebre: condes, duques, parlamentarios y la gente en general compraba acciones de la empresa, apostando al éxito "seguro" del comercio con las colonias españolas.

En 1720, la acción pasó de cotizar 128 libras a 1.000 en pocos meses. Pero las relaciones entre Inglaterra y España se deterioraron. Y a fin de ese año, el precio se derrumbó. El físico Isaac Newton, que perdió 20.000 libras, dijo con amargura: "Puedo predecir el movimiento de los cuerpos celestes, pero no la locura de las gentes". Una manía similar se produjo años después en los EE.UU., durante la expansión hacia el Oeste.

VIAS Y TRENES 1830-1850

También en Inglaterra, en 1830, los ferrocarriles produjeron una euforia especulativa. La tentación era grande: las tres empresas principales pagaban al principio dividendos del 10% a los compradores de acciones. En junio de 1845, se presentaron planes (irrealizables) por 12.000 kilómetros de vías, casi 20 veces la longitud de Gran Bretaña. Incluso aparecieron revistas especializadas de trenes, que fogoneaban la manía.

Tiempo después, el Parlamento británico reveló que unos 20.000 especuladores registraron compras de acciones por más de 2.000 libras cada uno. En la lista figuraban 157 parlamentarios y 257 clérigos, 40 con apellido Brown, 28 Jones y numerosos Smith. Incluso, se descubrió que había personas muy pobres que compraban acciones sin dinero con la intención de venderlas al día siguiente. Cuando la burbuja estalló, miles de personas perdieron sus fortunas, propiedades y ahorros.

LA DEPRESION 1920-1929

En la década del 20, en los Estados Unidos abundaba el crédito barato y los préstamos especulativos, que se destinaban a la compra de acciones. El mayor mercado de capitales del mundo, la Bolsa de Nueva York, estaba en alza y era un imán para los especuladores. Se estimaba que unos dos millones de personas (sobre una población total de 120) participaba del mercado de valores.

El célebre actor Groucho Marx obtuvo un crédito de US$ 200.000 para participar en la Bolsa (que finalmente perdió), y en sus memorias recordaba: "Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier lugar de la pizarra y la acción que comprabas empezaba a subir". Los bonos de las fábricas de coches y de radios –las dos tecnologías de moda– eran las preferidas del público. Una suba de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal en setiembre cambió la tendencia. El 28 de octubre, el denominado "Lunes Negro", el Down Jones se desplomó. Miles de personas vendieron en masa sus acciones y de la euforia se pasó a una profunda depresión, que afectó también a Europa. Miles de inversores grandes y pequeños perdieron fortunas.

HIPOTECADOS 1982-1987

En los Estados Unidos, en 1987, se produjo una crisis hipotecaria, con algunos condimentos muy parecidos al crac actual. En los años previos, los bancos y las entidades financieras otorgaron préstamos, en su mayoría con escasas condiciones y exigencias. La generosidad del sistema, en algún punto, quedó tan expuesto que finalmente quebró. El mecanismo permitía a la gente endeudarse para comprar empresas. Y luego, esas mismas empresas las cancelaban.

El gobierno norteamericano buscó tranquilizar los mercados y salió al rescate de los bancos, con unos US$ 150.000 millones. No hubo caso: el impacto fue tal que las principales economías de los países centrales se desplomaron. En 1987, en cuatro jornadas el Down Jones cayó 500 puntos.

EL BOOM NIPON 1980-1990

Los estudiosos la consideran una de las grandes burbujas de la economía moderna. En la década del 80, el elevado superávitcomercial de Japón fue empleado por el sector financiero para la compra de tierras, propiedades y acciones.

Los activos inmobiliarios se dispararon y distorsionaron todo: se calcula que las propiedades niponas representaban el 20% de la riqueza mundial. Sólo Tokio y su entorno valía lo mismo que los EE.UU.

Algunos estiman que el valor del Palacio Imperial era similar al de California. En aquel tiempo, el gobierno de Raúl Alfonsín vendió la embajada argentina en Tokio por US$ 300 millones. La fiebre se trasladó a los activos de las empresas. El índice Nikkei –la Bolsa de Tokio– había superado los 38.000 puntos. Pero la fiesta terminó. Entre 1988 y 1990, el gobierno sube la tasa de interés bancaria por el riesgo inflacionario. Las acciones –garantizadas con inmuebles– cayeron más del 60% arrastrando el precio de las propiedades. Y el sistema financiero entró en crisis.

ERA DIGITAL 1995-2000

A mediados de los 90, la aparición de Internet produjo un boom que contagió a toda la industria tecnológica. Se decía que la llamada "Nueva Economía" modificaría todo. Con la ayuda inestimable de los gurúes digitales que profetizaban una era de prosperidad para todos, las apariciones de Netscape (el primer navegador comercial), Yahoo! (el célebre motor de búsquedas), Amazon (la primer librería y tienda virtual) y America OnLine (un gran proveedor de acceso a Internet) fomentaron la leyenda de los nuevos millonarios de la Web.

El Nasdaq –la Bolsa donde cotizan las tecnológicas– atraía inversores de todo el mundo. Las desenfocadas expectativas sobre el valor de aquellas compañías de Internet, muchas de las cuales ni siquiera lograban ingresos significativos, inflaban la burbuja sin parar. En 2000, en el mejor momento del boom, el índice superó los 5.000. Dos años después, cayó hasta los 1.300 puntos, dejando un tendal de quebrantos y pérdidas. Hoy, con el boom de las redes sociales, muchos creen que la historia se repite.

Fuente:
http://www.ieco.clarin.com/notas/2008/10/19/01786283.html


 


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