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Domingo 05 de marzo de 2006

Diego Levis: 'La computadora nos permite reencontrarnos en la plaza.'

En una entrevista realizada por Fabián Bosoer para Clarin, este especialista en nuevas tecnologías afirma que 'las comunicaciones en la Red crearon modos insospechados de relaciones afectivas y contactos entre las personas. El ciberespacio se ha transformado en una dimensión más de nuestra vida social.'

P: Las metáforas que dibujaron los significados de Internet desde su aparición fueron varias. Primero se habló de la "autopista de la información"; luego, con su expansión en los 90, se dijo que era una "burbuja". ¿De qué manera se incorporó el ciberespacio a nuestras vidas?

—Debemos recordar que todo empezó en Estados Unidos como una red que se utilizaba para conectar centros de investigación. Eran, sobre todo, universitarios que empezaron a utilizar la red no solamente para intercambiar información de las investigaciones que hacían sino también para hablar de otras cosas, jugar, etc. Esa cultura del ciberespacio de los años 80, que se presentó como una cultura alternativa que trasuntaba cierto misticismo pacifista y estéticas transgresoras, tuvo como fuente las investigaciones militares en juegos de simulación, juegos de guerra, "realidad virtual": imágenes en 3D, imágenes "de inmersión", sonido envolvente —que hoy se utiliza en sensorround—. Quienes estaban en eso eran parte, de algún modo, de una contracultura. Pero, paradójicamente, trabajaban en centros financiados por presupuestos militares.

¿Cómo fue que se generalizó su uso masivo?

—A finales del 95-96, la expansión que empezó a tener Internet llamó la atención de las empresas y los gobiernos, y se convirtió en un gran proyecto económico. Se empieza a ver entonces su rentabilidad y el desarrollo de sus diferentes aplicaciones: el uso del chat, el correo electrónico, redes cada vez más sofisticadas para el intercambio de información, el cine, la música, la industria editorial. La industria del entretenimiento, a través de una red con un costo bajo de emisión y que llega a la casa de todas las personas, a lo que se agrega luego el boom de la telefonía celular, aparatitos que tienen capacidades informáticas mucho mayores que las PC de hace quince años: se agregan los mensajitos, las fotos, los grabadores digitales, el MP3. Es un potencial enorme de ganancias que permite la difusión de millones de minicomputadoras personales.

Estas comunicaciones "en tránsito", o mediadas por la computadora. ¿Construyen un "lugar" de comunicación?

—Creo que la computadora nos permite volver a encontrarnos en la antigua plaza pública; esas plazas tradicionales, donde la gente va, se encuentra, habla de diferentes cosas, juega, compra algo y también se enamora y pasea con la novia o el novio. Arma así una verdadera red social.

¿Y qué tipo de relaciones se establecen en esta Red?

—Están quienes utilizan Internet como entretenimiento, como podrían estar mirando televisión o leyendo; quienes la usan para establecer relaciones —amigos, amores, da lo mismo— de mayor o menor intensidad. Personas sin presencia física real con quienes se genera o no un vínculo afectivo sostenido a través de la pantalla. En estas relaciones, los interlocutores pueden llegar a un nivel de intimidad y confianza que hace que se cuenten cosas que no compartan con su propia pareja o familiares más cercanos, un compartir que no implica necesariamente compromiso afectivo, ni verdadera exposición. Están las relaciones con personas que uno conoció circunstancialmente y gracias al e-mail seguirá cultivando a distancia. Está el chateo que permite mantener conversaciones con amigas/os, compañeras de trabajo o colegas. Hay relaciones que se entablan con desconocidos, se presentan con identidades reales o ficticias y desarrollan un vínculo que puede terminar siendo físico o no. Y están quienes buscan compañía, contactos "ciber-sexuales". Lo interesante es que en muchos de estos casos, se trata de verdaderas relaciones sociales de carácter literario.

¿Cómo es eso?

—Cuando escribimos o chateamos estamos construyendo un personaje y una historia, que van a tener mayor o menor riqueza de acuerdo con nuestra capacidad de expresión. Por eso digo que es un vínculo literario. Está mediado por la imaginación y por la necesidad de sostener un personaje y sus situaciones, que pueden ser los mismos que encarnamos en nuestra vida real o no.

¿Internet crea un espacio en el que las fantasías y los deseos se pueden hacer realidad?

—Dicho así, tan contundentemente, no. Internet crea otro espacio en el que las fantasías y deseos pueden canalizarse y motivar los vínculos. Pero es muy distinto cuando pretendemos traspasar ese vínculo a la realidad física; ahí cambian las reglas y se acabó el juego. Podemos pensarlo también como un espacio lúdico, que nos permite jugar. Podemos hacer muchas cosas con la pantalla de la computadora, conectados en la Red: puede ser un biombo, un escaparate, un refugio para huir de la realidad o un puente para ir hacia ella. También es como un espejo.

¿Un espejo que nos devuelve una imagen de nosotros mismos?

—Es como el espejo de la bruja de Blancanieves: nos devuelve una imagen amplificada de nuestras capacidades, haciéndonos sentir poderosos hasta la omnipotencia e insignificantes hasta la angustia. Pero como ese espejo del cuento, cuando nos dice algo que no nos gusta, podemos apagarla y listo.

¿Los vínculos afectivos en la Red son la consecuencia de la pérdida de espacios de encuentro?

—Es una característica de las sociedades en las que vivimos. Se ha ido perdiendo ese espíritu de encuentro. Hay menos espacios públicos para conocer personas. Desconfiamos, no nos acercamos. En algunos países, como Estados Unidos, es cada vez más difícil imaginar que podamos conocer a alguien conversando en el parque o en la calle. El lugar de encuentro es el shopping y ahí no se va a conocer gente. En las discos se habla poco y tampoco se entienden ya como espacios de conversación o presentación. El espacio social real es hoy un espacio vaciado de vínculos afectivos, privatizado, en el que la prevención, la sospecha o el miedo están más presentes. El ciberespacio suple ese vacío.

Vemos por un lado nuevas formas de relación afectiva a través de la Red. Pero, por otro, ¿puede también la computadora ser una evasión de los vínculos afectivos más cercanos en la búsqueda de intercambios siempre más esporádicos y descomprometidos?

—Existe un miedo cada vez mayor a sostener el compromiso, en tanto éste implica poner el cuerpo y el "alma", implica "ex-ponerse". En las relaciones interpuestas a través de la Red el hecho de que nuestros interlocutores sean simbólicos (si la relación se produce a través de texto, no existe ninguna marca física en el proceso de comunicación a diferencia del teléfono —voz— o la carta manuscrita) permite mostrar sin "riesgos" partes de uno. Fantasías, debilidades, deseos, neuras, etc, que nos cuesta exponer en la vida cotidiana, pues sentimos que de algún modo pueden resultar negativas para nuestras relaciones, para la imagen que construimos ante los otros, etc..

¿Y puede traer también trastornos familiares —parejas que se pelean, hijos que se aíslan, mujeres que sufren la adicción de novios y esposos, o viceversa— a la web?

—Cuando se habla de las relaciones afectivas surgidas o desarrolladas al abrigo de Internet, rara vez se piensa que el medio, en tanto soporte técnico, no determina el uso que de él hacen las personas. Niños, adolescentes y adultos, hombres y mujeres de todas las edades, utilizan la Red para comunicarse con personas a las que muchas veces no conocen. Muchos de ellos lo hacen para pasar el rato, otros buscan amigos con los que compartir buenos momentos y hay quienes están a la búsqueda de un amor con quien crecer. En lugar de demonizar, de fingir indiferencia o de entusiasmarse ciegamente con la aparición de estas nuevas formas de relacionarse, debemos preguntarnos qué representan socialmente. A qué necesidades o carencias responden, qué fantasías satisfacen.

¿Será esto materia para una cibersociología y de un ciberpsicoanálisis?
—Es que así como la televisión transformó la vida cotidiana personal y familiar, económica y política de las sociedades hace cincuenta años, el fenómeno de Internet y las comunicaciones digitalizadas están haciendo otro tanto en nuestras relaciones sociales y en nuestra cultura.

Fuente: Clarin.com.ar


 


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